A Hidden Life, el largometraje de casi tres horas que el estadounidense Terrence Malick presentó este domingo dentro de la competición oficial de Cannes, es sin duda una de esas películas que deja huella en la historia del cine. Con ella, el también muy aplaudido filme de Pedro AlmodóvarDolor y Gloria, lo tiene un poco más difícil.

La cinta de Malick, ganador del gran premio de Cannes en el 2011 con El árbol de la vida, se basa en la historia y martirio del campesino austriaco Franz Jägerstätter , ejecutado en agosto de 1943 por negarse a participar del lado nazi en la Segunda Guerra Mundial previo juramento de fidelidad a Hitler.

Estefilmaplaudido con entusiasmo en el pase más multitudinario para la prensa, es ante todo un relato sobre la libertad y la dignidad humanas. Una bella narración que visualmente provoca el asombro desde el primer fotograma. El paisaje montañoso y exuberante de las regiones de Austria, Alemania e Italia elegidas para el rodaje es una base consistente.

El uso prodigioso de la cámara; el gusto de la fotografía; la rápida sucesión de planos en contraste con la lentitud de la acción; la explotación de la luz en todas sus intensidades y temperaturas. La obra de Malick es una bella y monumental lección de cine a manos de un maestro de vocación artesanal pero con claro dominio de las posibilidades técnicas de la óptica. Todo ello sin menosprecio del trabajo de los actores, con August Diehl como Franz y Valerie Pachner como su esposa Franzisca. Y sin olvidar la música de aires sacros bajo responsabilidad de James Newton Howard, siete veces candidato al Oscar. 

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