El artista venezolano Marco Montiel-Soto estuvo representando al país y llevando su tormenta tropical permanente a la nueva propuesta bienal surgida en los Balcanes, la Riga International Biennal of Contemporary Art (RIBOCA). Este evento celebró la producción artística nacional de Letonia, así como también los 100 años de su independencia.

Luis Benshimol, miembro de la junta directiva de la Fundación Cruz Diez, reporta en su portal oficial que Montiel-Soto llegó a la capital letona con ‘Permanent Storm for a Tropical Constellation, montaje que transporta al espectador a una expedición en bote desde Neu Nurnberg a El Congo, una población que se solidificó no a las orillas sino propiamente dentro del Lago de Maracaibo y en la que el artista criollo estuvo internado durante tres semanas para capturar y posteriormente retratar lo que allí se vive, replicando su arquitectura en el proceso.

Lo que hizo Montiel-Soto en Riga fue instalar un palafito en medio de un pabellón de 900 metros cuadrados en plena ciudad, construyendo una obra que está compuesta por dos elementos, uno audiovisual y otro físico. A través de tres vídeos simultáneos, se cuentan las historias particulares de sus habitantes y, poco a poco, se va abriendo la obra a un espectro mayor, explorando el desaliento del día a día y llegando a la crisis nacional, que se muestra generalizada y cada vez más profunda.

El palafito, además, alude a la referencia histórica del conquistador Alonso de Ojeda quien, junto a Amerigo Vespucci en 1499, se vio cara a cara con estas edificaciones en el mar, que posteriormente inspiraron el nombre del país. Anteriormente conocida como Venezziola o Pequeña Venezia, el nombre luego evolucionó a Venezuela.

Y es que precisamente de ese tipo de revisiones de culturas y geografías a través del viaje es que se nutre la obra de Montiel-Soto, quien usa medios como la fotografía, el vídeo y la instalación para expresar una narrativa sencilla en apariencia pero sumamente crítica en fondo: estudiando las relaciones de poder en lo político y económico, hace de la realidad más general un viaje propio, individual, con un autóctono toque de humor.

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