Kenneth Noland se dedicó a estudiar artes en la Escuela Experimental Black Mountain College, en Carolina del Norte, donde se introdujo en los principios del neoplasticismo de la mano de Ilya Bolotowski, quien le enseñó sobre el trabajo de Piet Mondrian.

Luis Benshimol, miembro de la junta directiva de la fundación Cruz-Diez, sostiene que en esa escuela estudió la estética De Stijl, conoció sobre la Bauhaus, el legado de Josef Albers y las teorías de Paul Klee, trabajo por el cual se interesaría, especialmente la sensibilidad que el artista suizo demostraba ante el color y su aplicación.

Se muda a Francia a finales de los años 40, donde trabajó con Ossip Zadkine, y en los 50 regresó a EE.UU., donde conoció a Helen Frankenthaler a través de Morris Louis. Frankenthaler sería una gran influencia para ambos, pues desarrollarían, a partir del trabajo de la artista neoyorkina, una estética llamada Soak-Stain, que no era más que la aplicación de capas delgadas de pintura en sustratos no tratados.

Fue en 1958 cuando presentó su pieza Beginning, donde comenzó a experimentar con la propuesta visual que marcaría su carrera, centrándose en la superposición de círculos concéntricos, con variaciones de elementos como el color y las dimensiones, preocupándose por la relación de la forma y el color.

En la década de los 60 se enfocó en difundir su estética de la pintura por campos de color (Color Field) como la nueva tendencia del arte contemporáneo.

Noland fue uno de los pioneros en la estética del lienzo de forma (Shaped Canvas), llegando a pintar sobre patrones como rombos, diamantes o poliedros asimétricos, dando tanta importancia a los bordes del formato como al centro mismo.

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