Admirado por Marcel Duchamp, el éxito comenzó a sonreírle a Alexander Calder en la década de los treinta, cuando su nombre comenzó a resonar en París y en Estados Unidos por la creación de unas pequeñas y curiosas piezas escultóricas llamadas móviles, de apariencia abstracta.

Era el primero en imprimir movimiento a un conjunto escultórico, y esta curiosa hazaña no pasaría desapercibida ni para sus colegas, ni para los críticos. No obstante, Alexander Calder no solo creó las primeras esculturas cinéticas, también desarrolló los Stabiles, sus esculturas estáticas.

Con el paso de los años, y muy especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial, Calder pasó a recibir muchos encargos para la creación de Stabiles monumentales que pasaron a decorar los espacios públicos de ciudades como Bruselas, Chicago, Nueva York o Montreal.

Los Stabiles eran abstractos, aunque en algunos de ellos puede reconocerse bosquejos de formas animales. Estas piezas escultóricas y los móviles fueron el principal centro de interés del trabajo de Calder, opacando sus goaches, bosquejos a lápiz y otras piezas tridimensionales desarrolladas en madera.

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