El mundo del cine tiene muchos directores y productores de renombre. Grandes genios cuyos apellidos por sí solos son un certificado de calidad para cualquier película. Y Danny Boyle, el aplaudido y oscarizado realizador británico que esta semana cumplió 60 años de edad, se ha ganado a pulso un puesto en esa selecta lista.

Nació un 20 de octubre de 1956 en Radcliffe, una pequeña localidad que hoy forma parte del Gran Mánchester, al noroeste de Inglaterra. Boyle pasó buena parte de su juventud
siendo influenciado por el poder de cintas como El Topo
(1970) de Alejandro Jodorowsky o Apocalypse Now (1979) de Francis Ford Coppola. No es de extrañar que pronto tomara inclinación por el séptimo arte.

Estudió primero en el Thornleigh Salesian College de Bolton, para luego cursar Inglés y Drama en la Universidad de Bangor, en Gales. Al culminar sus estudios, Boyle se dedicó a hacer carrera en el teatro. Primero en la Joint Stock Theatre Company y luego en el Royal Court Theatre. En ambas compañías produjo y dirigió sus primeras obras, y alcanzó tal renombre que la televisión tocó a sus puertas.

En la pantalla chica británica también destacó con importantes títulos como Inspector Morse y Mr. Wroe’s Virgins. Pronto dio el gran salto hacia el celuloide con la película Shallow Grave (1995), una comedia negra protagonizada por Ewan McGregor que colocó a Danny Boyle en el mapa.

Sin embargo, su estatus en el mundo del cine seguía siendo relativamente bajo… Eso, hasta que en 1996 dirigió su primera gran obra: Trainspotting. Entonces llovieron las críticas positivas y los buenos comentarios hacia su trabajo en la pantalla grande, y el nombre de Boyle ahora sí resonaba fuerte en todos los rincones cinéfilos del planeta.

Se movió a Hollywood para trabajar entre los grandes, y allí terminó de despegar una carrera digna de enmarcar. Entre sus primeros trabajos de la mano de los estudios americanos resalta The Beach (2000), filme protagonizado por la creciente estrella juvenil Leonardo DiCaprio. Luego volvió a su tierra para dar otro golpe maestro con la cinta 28 Days Later (2002), obra de suspenso y horror que ayudó a revitalizar el género de los zombies y por la cual ganó numerosos reconocimientos.

Continuó explorando géneros con cintas como Millions (2004) o Sunshine (2007), cosechando buenas críticas en ambos casos. Sin embargo, su gran filme estaba al llegar, y eso ocurrió en 2008 con Slumdog Millionaire.

El camino que tomó Danny Boyle con Slumdog Millionaire fue uno sin retorno. Después de alcanzar todo lo que alcanzó con esta producción fue que su nombre se terminó de tallar en piedra entre los genios de Hollywood. Los Premios Óscar, solo por hablar de los más importantes, nominaron diez veces a esta cinta, y le entregaron un total de ocho en la ceremonia de 2009, incluyendo los de Mejor Director y Mejor Película.

Lo dicho, ya la cima estaba alcanzada. Después de la cinta ambientada en India y que sigue la vida de un concursante del popular programa Quién Quiere Ser Millonario, vino otra gran producción abrazada por la crítica como lo fue 127 Horas (2010). El filme, protagonizado por James Franco, recibió seis nominaciones a los Premios de la Academia.

Los más recientes trabajos de Boyle han resultado igual de bien recibidos y premiados, siendo Steve Jobs (2015) su última gran obra en ver la cartelera. Además, Boyle ha sido celebrado de otras formas por parte de su natal y orgulloso Reino Unido: En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, a él se le concedió el honor de dirigir artísticamente la espectacular y memorable ceremonia de inauguración, conocida como Isles of Wonder.

El futuro que tiene por delante Danny Boyle es igual de brillante que su pasado. Sin embargo, bien vale la pena hacer la pausa y celebrar por todo lo alto los 60 años de vida de un director, productor y artista que ha dado tanto y todo por la industria.

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