Cuando se trata de hacer una aproximación a uno de los compositores más talentosos de la historia de la música clásica, siempre hay diversos nombres que aparecen, todos ellos están sujetos a los gustos y predilecciones de los principales intérpretes y directores de orquesta, pero existe un nombre común, el de Johann Sebastian Bach.

Muchos aseguran que la música de Bach no está hecha para los que comienzan a aproximarse a la música clásica, se requiere de algo de conocimiento para poder apreciar en su profundidad toda la esencia de este compositor imprescindible, que se cuenta entre los mejores de la música académica.

Bach siempre desarrolló un trabajo musical que estuvo vinculado con la gloria de Dios. No siguió los modismos de la época, tratando de estar en consonancia con el medio musical que consideró más apropiado para honrar al Altísimo y dejó una obra musical sumamente prolija, con 180 corales para cuatro voces y 200 cantatas, entre otras.

En vida, Bach nunca conoció la fama. Para su época, su obra musical era considerada obsoleta y ni después de muerto consiguió el reconocimiento por su trabajo artístico. El valor por el legado musical de este compositor y su posterior importancia dentro de la música clásica, llegó medio siglo más tarde luego de su desaparición física.

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