La prestigiosa bailarina de ballet cubana Alicia Alonso cumplió a mediados de diciembre los 95 años, asegurando que una sola vida no basta para alcanzar todos los sueños e ideales que pueden forjarse en el corazón de una mujer asociada con la danza clásica.

Tenía solo 15 años cuando contrajo matrimonio y abandonó Cuba para establecerse con su esposo en la ciudad de Nueva York. Ya desde aquel entonces había cursado estudios en la Sociedad Pro-Arte Musical, iniciando con su preparación como bailarina a los nueve años de edad.

Una vez en tierras americanas, continuó su formación en la American Ballet Theater. Consiguió participar en varios montajes y se convirtió en la solista del American Ballet, compañía en la que además destacó como uno de sus miembros fundadores.

Su ceguera parcial no impidió que Alonso desarrollara un enorme talento. Con la colaboración de sus compañeros de escenario y un montaje de luces que le ayudaba a orientarse en los desplazamientos, la cubana brilló sobre las tablas, especialmente luego de sustituir a Alicia Morkova en el papel de Giselle, actuación que catapultó su carrera.

Alicia Alonso trabajó con coreógrafos como Georges Baanchine y Bronislava Nijinska y formó parte del Ballet Ruso en Montecarlo, además de convertirse en la primera bailarina occidental en actuar en la Unión Soviética, y en la primera americana de formar parte del staff del Bolshoi y el Kirov, dos de las más prestigiosas compañías de ballet ruso.

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